Me gustaba esto porque lo sentía anónimo, como un diario, como un lugar al que llegar cuando me naciera hacerlo... hoy, en definitiva es como si estuviera encriptado, nadie lee blogs, a menos que sean de maquillaje o moda, videojuegos, política, ustedes saben, cosas importantes. Lo que escribo acá dista mucho de ser relevante, lo es sólo para mí y para quien quiera saber qué hay en mi interior, en mi corazón, en mi cabeza... En mi loca cabeza.
Hoy redacto desde mi oficina, la misma de hace 2 años y medio (gracias a Dios), una que me ha visto crecer, reír, y una que otra vez, llorar. Es el lugar más tranquilo que conozco, claro cuando no están los locos de mi compañeros con sus múltiples historias, sus risas y esa energía tan bella que todos tienen.
No me siento triste, no del todo, asustada quizá, crecer da susto, empezar a envejecer, mucho más. En algún punto pensé que esto de ser adulta me había quedado grande, gigante, me superaba y a mis ganas de seguir, pero no, todo pasa, lo que duele hoy mañana ya no, lo que asusta hoy, mañana hasta puede dar risa. En estos días pensaba en eso, en los "grandes" problemas que tenía en mi adolescencia; estar gorda, no gustarle al niño que me gustaba, no tener los últimos zapatos de moda, etc., completas tonterías que se sentían como el fin del mundo, y que hoy me hace añorar volver a tener esos problemas tan pequeños, tan simples, tan inocentes.
No crean que estoy deprimida, la verdad no lo estoy, es solo que a mis 25 años tengo que pensar en pagar arriendo, servicios, transporte, ropa, comida, y miles de cosas más. Tengo que ahorrar, tengo que tener un plan, tengo que querer casarme, o tener hijos, o esas cosas que la gente normal hace. Así fue siempre mi vida, hacer lo que los demás esperaban de mí, lo que yo esperaba de mí: la mejor hija, la mejor hermana, la buena estudiante, la futura gran profesional, la más centrada, la mejor esposa, la mejor madre. En este punto, creo que no soy ninguna de esas cosas, vivo a kilómetros de mi familia por mi propio deseo, en mi segunda carrera soy una estudiante con notas bastante normales, como profesional no fui tan grande, sigo cometiendo errores de niña inmadura, y el sólo pensar en ser esposa o madre me produce náuseas.
No crean que estoy deprimida, la verdad no lo estoy, solo pensativa, recordando todo lo que creí que sería y hoy no lo soy, en como ya no quiero serlo. Pienso en tantos sueños que tuve y hoy parecen esfumarse, se deslizan entre mis dedos y se han vuelto casi imposibles de alcanzar. Pienso en el amor, en el que yo sentía por alguien, ese que era totalmente sincero y transparente, ese que amaba sin condiciones y sobre todas las cosas... ahora de eso queda poco, sigue siendo sincero pero ya no me embarga, ni me hace pensar que todo vale la pena por ese amor.
No crean que estoy deprimida, la verdad no lo estoy, solo escucho canciones tristes porque no tengo ganas de las alegres, a estas horas no logro conectarme con ellas, no me harán sentir feliz, no realmente, así mejoren mi ánimo por un segundo, hoy no tendrán mayor efecto en mí.
No crean que estoy deprimida, la verdad no lo estoy, solo quería escribir, volver a alguna parte de quién era, sentirme por un instante como la chica ingenua de 20 años que empezó este blog. Conectarme conmigo y mis emociones, la verdad no quise compartir esto con nadie.
Quizá mi próxima entrada esté cargada del optimismo que suelo tener, quizá sólo quizá, la próxima vez seré la Annie alegre y vivaracha, pero por hoy, no crean que estoy deprimida, la verdad no lo estoy.
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