Quisiera empezar publicando un cuento que escribí para niños hace algún tiempo...
UN VIAJE INESPERADO
Hace algún tiempo en un edificio brillante, vivían dos chicos: Cristina, una niña de corazón oscuro y Sebastián, su vecino sensible con el que jugaba todos los días.
Un día de esos extraños con el cielo carnívoro y el alba ominosa, Cristina llegó al edificio con un camello conforme, algunos la veían extraño, otros simplemente ya estaban acostumbrados a sus locuras, pero su madre una mujer decepcionada de todo, le preguntó a su hija que pasaba por su mente, a lo que ella respondió:
- Sólo haré un viaje mamá-
Su madre se encogió de hombros y la dejó hacer lo que quería, de todas formas su pretina descarada la molestaba y debía solucionar ese problema.
Cristina llegó al apartamento de Sebastián, el cual alzando una ceja le dijo que no podría acompañarla.
- ¿por qué?- preguntó Cristina
- Debo ir a una cita con el urólogo tenebroso- respondió Sebastián.
- Puedes ir otro día, vamos que un viaje no te hará daño- replicó Cristina.
Y así, convenciendo a Sebastián, emprendieron su viaje. El camello, sujetado con una cadena inteligente, los condujo hacia la parte más alejada de la ciudad, en donde un alcohólico afable les preguntó:
- ¿Han visto por aquí el ministro talentoso?-
Cristina y Sebastián no sabían a qué se refería ese hombre con su reloj moscorrofio y su cabellera enguarapada, así que lo ignoraron y siguieron su camino. Unos pasos más adelante lograron divisar un titiritero colorido que corría a toda velocidad, Sebastián (el más curioso), lo detuvo y le preguntó:
- Señor titiritero, ¿por qué corre?-
- Es que le he robado dinero al presidente maravilloso y eso tiene al gobierno excitado, así que huyo- respondió el titiritero.
- Pero… ¿por qué no devuelve el dinero?- preguntó Cristina
- Pues, pequeña, lo necesito, debo comprar un galeón trivial cuanto antes, además si regreso me llevaran a la guillotina enfurecida-
- Mmm… que problema –comentó Cristina- lo ayudaríamos, pero no me da la gana, así que suerte y ojalá no lo encuentren.
- Gracias niña, supongo…-
Siguieron su viaje y se encontraron con un palacio gruñón, no les importó y se adentraron en él, querían comida y un poco de agua. Los recibió un panda corrupto, sabían que lo era porque habían escuchado de él en las noticias.
- ¿Quiénes son y qué hacen en mi palacio?- preguntó el Panda muy enojado.
Sebastián a punto de llorar de miedo, contestó:
- Somos Cristina y Sebastián, estamos viajando por los alrededores de la ciudad, sólo queremos un poco de agua y comida-
- ¿y creen que yo les daré comida?- repuso el Panda.
- Si no quiere no nos de nada, hablaremos con el ministro talentoso y él lo pondrá en su lugar- amenazó Cristina.
- Oh, no – dijo preocupado el Panda- el ministro no. Está bien, tomen lo que quieran y pueden quedarse si gustan
- Gracias, pero sólo comeremos un poco y nos marcharemos, el atardecer cabezón nos muestra que se ha hecho tarde- dijo Sebastián.
Comieron, le dieron un poco de agua a su camello y volvieron a casa, en donde sus padres (la mamá de Cristina y el papá de Sebastián), los esperaban con un collar precioso para ella y una mochila impertinente para él.
Cristina y Sebastián se despidieron, agradeciendo al tiempo prudente y a su camello por tan divertido y extraño viaje.
No hay comentarios:
Publicar un comentario