12 de abril de 2011

Un viaje inesperado

Quisiera empezar publicando un cuento que escribí para niños hace algún tiempo...

UN VIAJE INESPERADO

Hace algún tiempo en un edificio brillante, vivían dos chicos: Cristina, una niña de corazón oscuro y Sebastián, su vecino sensible con el que jugaba todos los días.

Un día de esos extraños con el cielo carnívoro y el alba ominosa, Cristina llegó al edificio con un camello conforme, algunos la veían extraño, otros simplemente ya estaban acostumbrados a sus locuras, pero su madre una mujer decepcionada de todo, le preguntó a su hija que pasaba por su mente, a lo que ella respondió:

- Sólo haré un viaje mamá-

Su madre se encogió de hombros y la dejó hacer lo que quería, de todas formas su pretina descarada la molestaba y debía solucionar ese problema.

Cristina llegó al apartamento de Sebastián, el cual alzando una ceja le dijo que no podría acompañarla.

- ¿por qué?- preguntó Cristina
- Debo ir a una cita con el urólogo tenebroso- respondió Sebastián.
- Puedes ir otro día, vamos que un viaje no te hará daño- replicó Cristina.

Y así, convenciendo a Sebastián, emprendieron su viaje. El camello, sujetado con una cadena inteligente, los condujo hacia la parte más alejada de la ciudad, en donde un alcohólico afable les preguntó:

- ¿Han visto por aquí el ministro talentoso?-

Cristina y Sebastián no sabían a qué se refería ese hombre con su reloj moscorrofio y su cabellera enguarapada, así que lo ignoraron y siguieron su camino. Unos pasos más adelante lograron divisar un titiritero colorido que corría a toda velocidad, Sebastián (el más curioso), lo detuvo y le preguntó:

- Señor titiritero, ¿por qué corre?-
- Es que le he robado dinero al presidente maravilloso y eso tiene al gobierno excitado, así que huyo- respondió el titiritero.
- Pero… ¿por qué no devuelve el dinero?- preguntó Cristina
- Pues, pequeña, lo necesito, debo comprar un galeón trivial cuanto antes, además si regreso me llevaran a la guillotina enfurecida-
- Mmm… que problema –comentó Cristina- lo ayudaríamos, pero no me da la gana, así que suerte y ojalá no lo encuentren.
- Gracias niña, supongo…-

Siguieron su viaje y se encontraron con un palacio gruñón, no les importó y se adentraron en él, querían comida y un poco de agua. Los recibió un panda corrupto, sabían que lo era porque habían escuchado de él en las noticias.

- ¿Quiénes son y qué hacen en mi palacio?- preguntó el Panda muy enojado.

Sebastián a punto de llorar de miedo, contestó:
- Somos Cristina y Sebastián, estamos viajando por los alrededores de la ciudad, sólo queremos un poco de agua y comida-
- ¿y creen que yo les daré comida?- repuso el Panda.
- Si no quiere no nos de nada, hablaremos con el ministro talentoso y él lo pondrá en su lugar- amenazó Cristina.
- Oh, no – dijo preocupado el Panda- el ministro no. Está bien, tomen lo que quieran y pueden quedarse si gustan
- Gracias, pero sólo comeremos un poco y nos marcharemos, el atardecer cabezón nos muestra que se ha hecho tarde- dijo Sebastián.

Comieron, le dieron un poco de agua a su camello y volvieron a casa, en donde sus padres (la mamá de Cristina y el papá de Sebastián), los esperaban con un collar precioso para ella y una mochila impertinente para él.

Cristina y Sebastián se despidieron, agradeciendo al tiempo prudente y a su camello por tan divertido y extraño viaje.

No hay comentarios:

Publicar un comentario